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Porque parir acostada no es una buena idea


Ancestralmente, las mujeres de todas las culturas del mundo han parido de forma vertical. Acostar a la mujer en una camilla para parir, que hoy nos parece tan normal, es una práctica relativamente nueva en la historia de la humanidad y ha sido producto de una construcción cultural.

Lo cierto es que no hace falta más que un poco de sentido común para entender que nos beneficiamos de la gravedad cuando adoptamos posturas más verticales. Pero la explicación va más allá de eso.

Nuestra pelvis, a pesar de ser una estructura ósea, tiene articulaciones, y por lo tanto, no es rígida. Esto permite que durante el trabajo de parto – gracias a la hormona relaxina y a la libertad de movimiento - se amplíen sus diámetros, permitiendo el descenso de la cabeza fetal -que tampoco es rígida- por el canal vaginal.

Naturalmente las mujeres adoptamos posturas más verticales para parir, como en cuclillas, en cuatro apoyos, de lado, pero jamás una mujer de manera espontánea se acostaría boca arriba para parir. Las posturas más verticales nos permiten movernos libremente, de manera de permitirle a la pelvis efectivamente ampliarse, lo que a su vez nos permite manejar mejor el dolor y favorecer la progresión del parto.

Estar acostada durante el trabajo de parto bloquea la movilidad de la pelvis, haciendo el proceso más lento, difícil y doloroso. NO existen las pelvis estrechas (o al menos son extremadamente pocas), pero si las poco móviles. Sin embargo, la idea de que somos “demasiado estrechas” es bastante extendida. Es hora de empezar a deshacerse de tanto mito y volver a confiar en nuestros cuerpos y sus procesos.

Hoy en día, hay equipos médicos actualizados, dispuestos a adaptarse a las necesidades de cada mujer Es nuestra responsabilidad informarnos y elegir profesionales respetuosos de nuestras necesidades y preferencias.


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Las Condes, Santiago